La boya de Guadalmar ha pasado de 28,8 a 15,6 grados en siete días, la mínima histórica para un mes de agosto. Los expertos analizan las causas de este fenómeno.
La temperatura superficial del mar frente a la costa de Málaga ha sufrido un desplome histórico en apenas una semana. La boya de Puertos del Estado situada frente a Guadalmar marcaba el martes 25 de agosto 15,6 grados a las 9:00 horas, el registro más bajo jamás anotado en un mes de agosto desde que se inició la serie histórica. El anterior mínimo era de 16,3 grados, registrado en 2014.
El contraste no puede ser más llamativo: apenas siete días antes, el 18 de agosto, la misma boya registraba 28,8 grados, a solo tres décimas de su máximo histórico. En términos gruesos, el agua ha perdido 13 grados en una semana, un cambio que los científicos califican de "reseteo" sin precedentes en las aguas malagueñas.
La caída ha sido irregular pero continua. Según los datos de la estación, el jueves bajó a 25,3; el viernes, a 21,9; el sábado, a 20,9; el domingo subió ligeramente a 22; y el lunes volvió a caer hasta 17,3. Ya una hora después de marcar los 15,6 grados, los sensores volvían a rondar los 16.
El fenómeno ha llamado la atención de los expertos porque no se han dado las condiciones habituales para un afloramiento de aguas profundas, que suele producirse con viento de Poniente o terral persistente. En esos casos, el viento empuja las aguas superficiales mar adentro y las más frías emergen, cargadas de nutrientes. Sin embargo, el análisis de los vientos en Málaga capital durante la última semana no es concluyente: aunque han predominado las rachas de componente Oeste y Noroeste, en más de un tercio del tiempo el viento ha soplado de Este o Sudeste.
El jefe de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Andalucía, Juan de Dios del Pino, no tiene dudas sobre el origen: "No siendo experto en el tema, está claro que esta variación tan grande y rápida de la temperatura del agua del mar se debe a algún afloramiento. El sol y mucho menos la atmósfera tienen capacidad para un cambio tan rápido e intenso".
Del Pino matiza que, para que este enfriamiento tuviera efectos meteorológicos relevantes, debería ser persistente y combinarse con algún evento atmosférico como una dana o un embolsamiento de aire frío en la troposfera superior. "No se espera nada así en fechas inminentes. Puede producir nieblas o nubes bajas pero nada relevante", aclara.
Por su parte, Manuel Vargas, físico del Instituto Español de Oceanografía en Málaga, apunta a una combinación de factores: "De que es agua aflorada no cabe duda. La duda es si es afloramiento es local, es decir, si se ha producido en la costa malagueña, o si tiene influencia el que suele producirse en el Estrecho y cuyas aguas frías son transportadas luego por la corriente". Vargas añade un tercer factor: el oleaje, que mezcla las aguas y reparte el calor acumulado en la superficie en una capa más gruesa, lo que explicaría el descenso superficial.
La posición de Málaga en el Mar de Alborán, donde confluyen corrientes atlánticas y mediterráneas, favorece estos cambios bruscos. Los mapas de corrientes de Puertos del Estado mostraban este martes el litoral malagueño "teñido" de azul, mientras que aguas próximas presentaban tonos amarillos y naranjas, indicativos de valores cercanos a los 30 grados.
Este enfriamiento supone un respiro en un verano en el que el Mediterráneo ha registrado temperaturas excepcionalmente altas desde mayo. El recalentamiento marino general facilita la entrada de especies tropicales y dispara el riesgo de lluvias torrenciales en otoño. De hecho, la presencia de aguas frías ya ha provocado fenómenos curiosos, como la aparición de medusas cubo en el litoral malagueño, detectadas el lunes.
Para los bañistas, el agua está ahora sensiblemente más fría, aunque la previsión es que la temperatura se recupere gradualmente en los próximos días si no hay nuevos cambios de viento. Los expertos seguirán vigilando la evolución de la boya para confirmar si se trata de un episodio puntual o del inicio de una tendencia.

