El catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga Óscar David Marcenaro analiza la caída de España en el Informe PISA 2025 y defiende un currículo flexible y menos sobreprotección para mejorar el rendimiento escolar.
El catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (UMA) y especialista en Economía de la Educación Óscar David Marcenaro sostiene que repetir curso no eleva el nivel competencial del alumno y, en cambio, lo estigmatiza. Lo dice tras conocerse los resultados del Informe PISA 2025, que reflejan una caída de España en comprensión lectora, matemáticas y ciencias respecto a 2022, según publica Diario Sur.
En la última edición del estudio, que evalúa a estudiantes de 15 y 16 años de 90 países, participaron 760.000 alumnos, de los cuales 30.000 eran españoles. Marcenaro lleva años investigando con estos datos el peso del origen socioeconómico, la familia o el esfuerzo en el rendimiento escolar.
Sobre el caso andaluz, que vuelve a quedar por debajo de la media española en las tres competencias, el catedrático apunta a una mezcla de factores educativos y socioeconómicos. El índice de estatus socioeconómico y cultural (ISEC) es determinante, con especial peso del nivel formativo de los padres y del nivel económico, que suelen ir unidos. «En determinados entornos se fomenta más la lectura y también existe una mayor atención y seguimiento de los estudios», explica.
«Repetir hace a alguien más competente? No. Tiene un efecto estigmatizador: el alumno pasa a estar con compañeros más jóvenes y siente que no progresa»
Marcenaro considera adecuado haber reducido la repetición en España, donde las tasas eran altísimas, pero advierte de un efecto asociado: la inflación de notas o grade inflation. Tanto en la pública como en la concertada existe presión para que los alumnos obtengan buenas calificaciones, y la presión de las familias sobre los centros ha crecido. «Parece que si el hijo no saca buenas notas eso representa un fracaso de los padres», señala.
Frente a modelos como el británico, donde la repetición ronda el 1% o 2%, el catedrático defiende adaptar los currículos y potenciar las competencias de cada alumno. «Necesitamos un currículo flexible que permita trabajar las fortalezas y debilidades de cada alumno», afirma. A su juicio, el currículo español es rígido justo cuando hace falta flexibilidad y atención a la diversidad.
El especialista también apunta a la sobreprotección y al uso del tiempo. Con una media de aproximadamente un hijo por pareja, los padres tienden a proteger más y a creer que dar más cosas equivale a más oportunidades académicas. «Sentarse a comer o a cenar juntos y hablar de lo que preocupa a unos y a otros es un refuerzo educativo esencial», subraya. Ese hábito se pierde, dice, por la falta de tiempo y las dobles responsabilidades laborales.
Sobre los dispositivos digitales, Marcenaro distingue según el uso: con fines educativos no hay datos que demuestren que reduzcan el rendimiento, pero para TikTok, WhatsApp o entretenimiento sí pueden distraer y dificultar la concentración. Prohibirlos en los colegios, como han hecho algunos países, le parece una medida cortoplacista porque el niño los usa después en casa.
El catedrático de la UMA también relaciona la pérdida de la cultura del esfuerzo con los cambios en las familias y en la escuela. Antes era habitual tener varios hermanos, compartir recursos y competir dentro del hogar; hoy muchos niños no tienen ese referente. Y si aprobar es cada vez más fácil por la inflación de notas, añade, el alumno se relaja.

