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Los burros de Alhaurín de la Torre: atascos, multas y amoríos en los años 50

El Archivo Municipal de Alhaurín de la Torre rescata denuncias de los años 50: burros mal aparcados, fugas y amoríos que movían el pueblo.

Antonio GarridoAntonio Garrido· · 5 min de lectura

El Archivo Municipal de Alhaurín de la Torre rescata documentos de 1939 a 1960 que muestran cómo los burros eran el motor económico y también protagonistas de denuncias por mal aparcamiento, escapes y escándalos nocturnos.

Antes de que el asfalto y los motores dominaran Alhaurín de la Torre, las calles las llenaban las pezuñas y las orejas largas. Una mirada a los documentos del Archivo Municipal, que van de 1939 a los años 60, revela que los burros y acémilas eran el auténtico motor económico del municipio: transportaban cosechas, tiraban de carros y movían la vida diaria. Pero donde hay tráfico, también hay imprudencias, y la Guardia Civil ya tenía trabajo entonces.

El 1 de diciembre de 1939, un edicto del alcalde Cristóbal Ortega Navarro obligaba a todos los vecinos a presentar en un mes una declaración jurada de sus vehículos y animales. En la lista oficial convivían camiones, automóviles, motocicletas y bicicletas con el ganado caballar, mular, asnal y bueyes. Era la radiografía del parque móvil de la época, donde lo de cuatro patas era mayoría.

Amoríos en la calle Real

El 18 de abril de 1960, a las 11:45 de la noche, Francisco, apodado 'El Polo', regresaba de trabajar por la calle General Franco, hoy calle Real. Al pasar junto a una ventana vio que había una burra, y su burro, sin castrar, no se lo pensó: se puso nervioso y el dueño lo amarró a la reja de la ventana. El cabo de la Guardia Civil redactó el parte con toda seriedad: «Ha sido sorprendido el individuo Francisco V. G., (a) 'El Polo', el cual había amarrado un burro entero en una reja de las ventanas, interceptando el paso y formando el consiguiente espectáculo, ya que a las inmediaciones de este asno existía una burra».

El resultado fue una denuncia por contravención del Reglamento de Policía Urbana. La anécdota demuestra que la 'pérdida de papeles' por amor no es exclusiva de los humanos, y que ya entonces la Guardia Civil tenía que mediar en asuntos de celos, aunque fueran de cuatro patas.

Mal aparcamiento en la puerta del colegio

El 25 de noviembre de 1953, la Guardia Civil denunció a Cristóbal L. C., vecino de la aldea de Santa Amalia, por tener una costumbre poco higiénica para la comunidad escolar. Según el parte, «posee una caballería menor de la especie asnal que constantemente la tiene amarrada en las inmediaciones de la puerta del Colegio Oficial de dicha aldea, constituyendo un peligro para los menores, a más de producir malos olores en el referido centro».

Era el equivalente de la época a aparcar en doble fila en la puerta del cole a la hora de la salida, pero con un aroma mucho más evidente. El documento refleja que ya entonces las autoridades velaban por la seguridad y el bienestar de los escolares, aunque el problema fuera un burro atado al lado de la entrada.

Asnos a la fuga

Los burros también se escapaban o se perdían. En abril de 1952, Julián H. R. encontró un burro abandonado en el camino hacia Cártama. El documento de la Benemérita adjunta la reseña detallada del animal, lo que hoy sería la ficha técnica de un vehículo: especie asnal, raza española, edad 17 años aparentemente, alzada 1,30 metros, capa rucio oscuro y señas particulares: «Accidentales en costillares, del trabajo. Lunanco del anca izquierda». Esta ficha técnica es un ejemplo de cómo se controlaba el ganado entonces, con un nivel de detalle que hoy dedican a los coches.

La fuga de un burro no era un simple extravío: era la pérdida de una herramienta de trabajo esencial para la economía familiar. Por eso, la Guardia Civil se tomaba la molestia de registrar cada detalle del animal para poder devolverlo a su dueño.

Servicios de sementales en Coín

Para mantener la 'flota' en forma, el Depósito de Sementales de Coín enviaba una carta oficial el 5 de marzo de 1953 informando del establecimiento de una Parada Oficial de Sementales. Ofrecía dos caballos españoles, uno árabe y, atención, «un excelente garañón (burro) de raza catalana». Las horas de servicio para las yeguas y burras de los ganaderos de la comarca estaban estrictamente reguladas: de 10 a 11 y de 16 a 17 horas, todos los días laborables. Un servicio público con agenda apretada que garantizaba la mejora de las razas ganaderas.

Estos documentos, que el concejal de Patrimonio Histórico, José Manuel de Molina Bautista, ha dado a conocer, son una ventana a un pasado no tan lejano. Entre la anécdota simpática y el lío de faldas asnal, reflejan el papel fundamental que jugaron los animales en la vida social, agraria y económica de Alhaurín de la Torre. Este verano, si cuesta encontrar aparcamiento o se sufre un atasco, conviene pensar que al menos el coche no se enamora de la fachada del vecino ni deja malos olores en la puerta del colegio.

Los interesados en profundizar pueden consultar los fondos del Archivo Municipal, en la sección de Fondo Histórico y Correspondencia, donde se conservan estos y otros documentos que narran la evolución del municipio. Una forma de conocer la historia local a través de sus pequeños grandes episodios.

Antonio Garrido

Escrito por

Antonio Garrido

Redactor

Ciencias Políticas por la Universidad de Málaga y asiduo de los plenos más largos. Malagueño de pura cepa, cafetero y con paciencia infinita para la burocracia; lleva años contando la política y la sociedad de la provincia.