La ciudad instaló en 1853 los primeros 'cubillos de hierro' en esquinas del centro para atajar la falta de orinales públicos. Un siglo después, los 'kioskos urinarios' y 'chalets de necesidad' marcaron el mobiliario urbano.
La falta de urinarios públicos en el centro de Málaga fue una reclamación constante en la prensa local desde mediados del siglo XIX. La solución llegó en enero de 1853 con la instalación del primer 'cubillo o recipiente de hierro' en la calle Cobertizo de los Mártires, según recoge Diario Sur en un reportaje sobre la historia de estos dispositivos.
Al primero le siguieron otros en distintas esquinas del casco urbano, pero su funcionamiento dejó mucho que desear. En junio de ese mismo año, El Avisador Malagueño ya advertía de que la mayoría no solo eran inútiles sino perjudiciales, porque ensuciaban a quien se arrimaba y obligaban a adoptar posturas poco decentes.
Ante el fracaso, el Ayuntamiento de Málaga publicó un edicto en mayo de 1854 que prohibía expresamente orinar en plazas y calles fuera de los 'orinaderos establecidos'. Los infractores se enfrentaban a detención y a una multa de uno a cuatro duros.
No fue hasta abril de 1910 cuando el Consistorio previó dotar a la ciudad de los llamados 'chalets de necesidad y kioskos urinarios'. Mediante concurso público se licitó su instalación y se fijaron las normas para alojar publicidad diurna y nocturna, tanto en el exterior como en el interior, además de permitir la venta de periódicos, libros y pequeños objetos.
La Guía Oficial del Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Málaga de 1920 recogía la existencia de estos 'chalets de necesidad' en el Parque, la Alameda y la plaza de la Merced, y aseguraba que en ellos se observaban todas las prescripciones de la higiene.
Las fotografías de la época muestran tres ubicaciones de aquellos kioskos urinarios: uno junto a la valla del Hospital Civil, otro frente al mercado de Salamanca y un tercero en la plaza de la Constitución. En este último, el remate publicitario anunciaba 'Agua de Vilajüiga', un agua mineral con gas natural del Ampurdán.
Los kioskos solo eran accesibles para los hombres, mientras que los chalets de necesidad trataban de evitar en parte esa discriminación y atender sobre todo 'necesidades mayores', según la normativa que los creó. La tipografía fotográfica de la Málaga de ayer muestra un mayor número de kioskos que de chalets.
Los chalets eran de construcción más sólida y adoptaron primero un cierto aire regionalista. Tras la guerra, el Régimen impuso un diseño que eliminaba los rasgos diferenciales autóctonos. Además, en estas instalaciones se podían adosar pequeñas industrias, como la que aparece en una de las imágenes.


