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El abanico destrona al sombrero en los puestos de la Feria de Málaga

El abanico se ha convertido en el artículo más vendido de la Feria de Málaga, desbancando al sombrero y a la caña rociera, en un cambio que refleja el calor y el auge del turismo.

Antonio Garrido Reina
Antonio Garrido Reina
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El calor y el turismo han cambiado los puestos ambulantes de la Feria de Málaga: el abanico es ahora el artículo más vendido, mientras que el sombrero y la caña rociera pierden protagonismo.

El calor aprieta en la Feria de Málaga y eso se nota en los mostradores. Los puestos ambulantes del Centro han visto cómo el abanico se ha convertido en el objeto estrella de estas fiestas, desbancando al sombrero cordobés y a la caña rociera, que cada vez resultan más extraños para los visitantes.

José María, que lleva más de tres décadas trabajando en la Feria, lo resume con una imagen: «Yo he conocido la Feria de Málaga de punta a punta, todo el mundo con sombrero». Ahora, asegura, «es el abanico. Es curioso».

La impresión se repite de puesto en puesto. Sergio Bueno, con 15 años de experiencia, señala los abanicos y las flores como sus artículos más vendidos. Juan Manuel Rosaluque coincide: «Con los calores que está haciendo y demás, los abanicos es lo que se está vendiendo más».

El cambio no es solo de producto, sino también de clientela. Juan Manuel, de 28 años, habla desde un negocio familiar que ha visto pasar tres generaciones. «Ahora lo que hay son más extranjeros. Antes era la gente de Málaga la que bajaba al Centro», explica.

Paco Sariñas, con cerca de cuatro décadas vendiendo, observa la misma transformación: antes predominaba el público local; ahora el turismo tiene mucho más peso y se lleva mantones y abanicos como recuerdo. En su puesto, un abanico cuesta unos tres euros, mientras que un mantón ronda los 20 o 25 euros.

No hay consenso sobre quién mira más el bolsillo. Juan Manuel asegura que el extranjero llega dispuesto a regatear; Paco, en cambio, sostiene que son los malagueños quienes más comparan precios.

Entre los objetos que se pierden, la caña rociera es un ejemplo claro. Sergio lo comprueba a diario: «Ya la gente dice: '¿Esto cómo se sopla?'. La gente no sabe lo que es esto». Tampoco se pregunta tanto por el sombrero cordobés: «Va cambiando un poquito la indumentaria».

El puesto de almendras de Enrique, con más de cuarenta años de historia, cuenta otra historia. «Antes se vendía muchas almendras, y apenas gente quiere comprarlas», lamenta. Recuerda tiempos de la peseta en los que el margen era mayor y vendía todo el género. Hoy las almendras cuestan más y salen menos del puesto.

En el hueco que dejan el sombrero y la caña, abanicos, flores, mantones, pulseras, imanes, bolsos o recuerdos de Málaga forman parte de un catálogo obligado a renovarse. «En el tema del souvenir siempre hay cosillas nuevas», apunta Sergio.

La Feria de Málaga, que se celebra hasta el próximo domingo, sigue siendo un escaparate de tradición y cambio. Quienes paseen estos días por el Centro podrán comprobarlo en cada puesto.

Antonio Garrido Reina

Escrito por

Antonio Garrido Reina

Redactor

Ciencias Políticas por la Universidad de Málaga y asiduo de los plenos más largos. Malagueño de pura cepa, cafetero y con paciencia infinita para la burocracia; lleva años contando la política y la sociedad de la provincia.