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Frigiliana: el pueblo blanco de la Axarquía que enamora con sus calles moriscas

Frigiliana, en la Axarquía malagueña, mantiene su trazado morisco con calles empinadas, fachadas blancas y macetas de colores. Su casco histórico es Conjunto Histórico-Artístico.

Mónica MargalloMónica Margallo· · 3 min de lectura

Frigiliana, en pleno Parque Natural de las Sierras de Almijara, Tejeda y Alhama, mantiene intacto su trazado morisco. Sus calles estrechas y empinadas, sus fachadas encaladas y sus macetas de colores lo convierten en uno de los destinos más fotografiados de la provincia.

El casco histórico de Frigiliana fue declarado Conjunto Histórico-Artístico y está considerado el conjunto arquitectónico popular de origen árabe más puro de la provincia de Málaga. Pasear por sus calles es como adentrarse en un laberinto de pasadizos, escalinatas y pequeñas plazas que conservan la esencia de siglos pasados.

Entre los edificios más emblemáticos se encuentran la iglesia de San Antonio, la ermita del Santo Cristo de la Caña y el Palacio de los Condes de Frigiliana, conocido como El Ingenio. Este último alberga la única fábrica de miel de caña que sigue en funcionamiento en toda Europa, un atractivo añadido para los visitantes.

La calle Real es la única vía del municipio en la que se permite el tráfico rodado. Desde ella parten numerosas callejuelas que conducen a rincones como El Zacatín, una de las calles más fotografiadas del pueblo, o las calles Hernando el Darra, Alta y Amargura. En el recorrido también aparecen adarves, elementos del urbanismo andalusí que comunicaban las entradas traseras de las viviendas mediante espacios comunes compartidos por los vecinos.

Mientras se recorre el centro, el visitante se topa con paneles de cerámica que recuerdan distintos episodios de la historia local. La conocida ruta de las doce placas permite seguir el relato de la sublevación de los moriscos y conocer algunos de los hechos que marcaron el pasado de la localidad. En otros rincones sorprenden pequeñas fuentes decoradas con símbolos cristianos, árabes y judíos que recuerdan la convivencia de estas culturas en Frigiliana.

La imagen de sus calles cambia constantemente gracias a los detalles. Las fachadas blancas contrastan con macetas llenas de flores y con puertas y ventanas pintadas en diferentes tonos de azul y verde. El resultado es un paisaje urbano muy cuidado donde abundan los patios escondidos, los callejones estrechos y los pasajes que aparecen entre las viviendas, haciendo que cada paseo sea diferente.

El patrimonio del municipio va más allá del casco histórico. El Museo Arqueológico reúne 125 piezas que abarcan desde el Neolítico hasta finales del siglo XVI y dedica un espacio a las culturas cristiana, árabe y sefardí, además de contar con una zona destinada al arte contemporáneo. También forman parte de la visita la Fuente Vieja, los Reales Pósitos, el Jardín Botánico de Santa Fiora y los restos del castillo de Lízar, levantado sobre el cerro de la Sabina.

Frigiliana también destaca por su diversidad. Alrededor de un tercio de sus 3.200 habitantes procede de otros países, lo que aporta un ambiente cosmopolita que se aprecia al caminar por sus calles. Este carácter abierto y su cuidada estética han hecho del municipio un destino recurrente tanto para turistas nacionales como internacionales.

Para quienes deseen conocer el pueblo con calma, se recomienda aparcar en las afueras y perderse por sus callejuelas sin prisas. La mejor época para visitarlo es primavera u otoño, cuando las temperaturas son más suaves y las flores engalanan aún más sus fachadas.

Mónica Margallo

Escrito por

Mónica Margallo

Redactora

Historia del Arte por la UMA y buscadora incansable de puestas de sol. Cafetera, ferviente de las ferias y turista en su propia costa; firma cultura, moda y estilo de vida en la Costa del Sol.