José Antonio Satué hace balance de su primer año al frente de la diócesis y pide que las salidas procesionales fuera del calendario habitual respondan a motivos reales. Confirma que la diócesis ya ha pagado las indemnizaciones a las víctimas del padre Fran.
El obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha pedido este viernes que las procesiones extraordinarias respondan a motivos que realmente las justifiquen y no a excusas para sacar imágenes a la calle. Lo ha dicho durante el balance de su primer año al frente de la diócesis, una comparecencia ante los medios en la que, según publica Diario Sur, ha respondido a todas las preguntas, incluidas las más polémicas.
Sobre la proliferación de salidas procesionales fuera de la Semana Santa y de otras festividades religiosas, Satué ha sido claro:
«Lo que me han transmitido y me parece normal es que lo extraordinario tiene que ser extraordinario. Y en ese sentido, pues si son salidas extraordinarias, que realmente lo sean, no buscando excusas para sacar los santos a la calle, sino discerniendo aquellas situaciones que realmente merecen una procesión extraordinaria»
El prelado ha explicado que en el obispado tienen la tarea de «modelar o madurar ese tipo de iniciativas, y en algunas ocasiones nos toca hacer de malos para decir: 'ahora no toca'». En su opinión, esa labor no responde a un criterio negativo, sino a uno positivo: que las procesiones extraordinarias se perciban como tales y se valoren como tales. «Lo bueno, cuando se multiplica, se devalúa y ciertamente no queremos que se devalúe», ha concluido.
En cuanto a las obras de la cubierta de la Catedral de Málaga, el obispo ha asegurado que avanzan bien y que son visibles desde distintos puntos de la ciudad, lo que permite mantenerlas controladas. Sobre la posibilidad de acometer la segunda torre, ha señalado que «una catedral nunca se termina del todo», pero ha añadido que si la sociedad malagueña, a través de sus instituciones, quiere que la «manquita» deje de serlo, «en mí encontrarán a un colaborador».
No obstante, ha advertido de que los recursos son limitados para la restauración de iglesias. La prioridad del Obispado, ha dicho, es que las parroquias de los pueblos más pequeños estén en perfectas condiciones, y ahí está el equilibrio.
Respecto a la iglesia del Sagrario, cuyos problemas estructurales de grietas arrastra desde hace años, las obras de estabilización han comenzado hace poco y consisten en la infiltración de morteros en determinados puntos para respetar al máximo las ruinas que hay debajo. «Esperamos que esa iglesia, que es una de las más bonitas de Málaga, pueda recuperarse al público, aunque las obras acaban de comenzar y tendremos que esperar todavía», ha declarado.
Preguntado por el caso del padre Fran, el exsacerdote Francisco Javier Cuenca condenado el pasado julio a 52 años de prisión por sedar, agredir sexualmente y grabar a cuatro mujeres, Satué ha informado de que la diócesis puso de forma inmediata a disposición del tribunal las cantidades fijadas en la sentencia para las indemnizaciones. La cuantía supera los 400.000 euros repartidos entre las cuatro víctimas.
La Diócesis conoció la tarde de este viernes, a través de sus abogados, que esa indemnización ya ha sido transferida a cada una de las víctimas. El obispo ha reiterado que el pago se ha hecho «de forma irrevocable, digan lo que digan otras instancias en el futuro».
Sobre el recurso interpuesto por la diócesis, Satué ha explicado que sigue el consejo de sus abogados: «Nosotros defendemos que no tenemos esa responsabilidad civil subsidiaria, y como lo creemos, así lo hemos defendido en los tribunales». A su juicio, una cosa es que un sacerdote cometa determinados delitos, algo «absolutamente lamentable» por el sufrimiento que causa, y otra que exista una traslación automática de responsabilidad a la Iglesia. «Creo que tenemos que poner a cada uno en su sitio y descubrir cuál es la responsabilidad de la persona en concreto, sea sacerdote, político, periodista o lo que sea, y la responsabilidad de la institución a la que pertenece».
En cuanto al contacto personal con las víctimas, el obispo ha asegurado que de momento no se ha producido. «Escribí una carta a cada una de ellas y de momento no se han dirigido. Entiendo que la situación que han vivido es tan complicada y tan fuerte que volver a hablar del mismo tema para ellas tiene que ser muy doloroso», ha señalado.
Durante su balance, Satué ha resumido su primer año en la diócesis con tres palabras: acogida por parte de la sociedad local, escucha, tanto estructurada como espontánea en la calle, y trabajo de adaptación, compatibilizado con sus tareas en la Santa Sede. Como anécdota, ha contado el caso reciente de una persona con la que coincidió mientras ambos paseaban en bici por el paseo marítimo y que le pidió acompañarle unos minutos para transmitirle sus inquietudes sobre la labor de Cáritas.


