La hamburguesería gourmet La Burguesita ha cerrado su local de la calle Moreno Monroy después de 15 años. Sus propietarios, Marta Núñez y Gonzalo Aquesolo, centran ahora su actividad en el establecimiento de Cerrado de Calderón.
La hamburguesería La Burguesita ha bajado la persiana de su local en la calle Moreno Monroy, en el Centro de Málaga, después de 15 años de actividad. Los propietarios, Marta Núñez y Gonzalo Aquesolo, han decidido concentrar su negocio en el establecimiento que tienen en Cerrado de Calderón, según publica Diario Sur.
El cierre responde a la dificultad para conformar una plantilla adecuada, un problema que les obligó a echar el cierre en agosto. A partir de ahí, los hosteleros buscaron un traspaso que han encontrado en apenas un mes. Gonzalo reconoce que la idea de dejar el Centro les rondaba antes del verano, aunque no era algo que tuvieran planeado de forma inmediata.
«Pensamos que el futuro está en los barrios»
La salida del Centro les provoca sentimientos encontrados. Por un lado, pena; por otro, alivio, porque podrán dedicarse a un único establecimiento con mayor tranquilidad y libertad creativa. «En el fondo no podíamos estar en los dos sitios y siempre uno se resentía», opina Gonzalo.
La Burguesita abrió el 24 de noviembre de 2010 y acababa de celebrar su 15.º aniversario. Desde el primer momento se convirtió en punto de encuentro de vecinos y turistas. En octubre de ese mismo año decidieron abrir un segundo local en Cerrado de Calderón para atender a los clientes de la zona Este que ya no bajaban al Centro. Fue una prueba que ha ido creciendo hasta quedar asentada en la parte baja de la urbanización.
A partir de ahora, los hosteleros pretenden una vuelta a los orígenes. Recuerdan que cuando empezaron en el Centro casi todos sus clientes eran vecinos, algo que se había perdido y que han recuperado en la nueva ubicación. «Vamos a darle más cariño al negocio del que podíamos darle hasta ahora; habrá más hamburguesas fuera de carta e incluso pensamos en volver a sacar las mini hamburguesas que hacíamos al principio», avanza Gonzalo.
Pese a todo, se van del Centro con nostalgia y palabras de agradecimiento hacia su casero durante todos estos años y hacia los clientes que han confiado en sus productos. De momento no se plantean crecer ni abrir nuevos establecimientos, aunque si lo hicieran sería en otro barrio, donde creen que está el futuro de la hostelería. Consideran que en el Centro ya no se puede competir porque «hay grupos muy grandes que van con mucho presupuesto». Por eso han apostado por dar un paso al lado, «estar más cerca de la gente y fuera de ese boom porque te lo tienes que pasar bien mientras haces cosas».
El local de La Burguesita ha sido alquilado por los propietarios de la taberna Orellana, que ya cuenta con dos establecimientos en esa misma calle. Por ahora se desconoce el concepto que introducirán en este nuevo espacio, aunque se espera que mantengan la calidad que destacan sus clientes.



