La actriz Patricia Montero y su marido Álex Adróver han cambiado el ruido de Madrid por un chalet en Mallorca. La vivienda, con ventanales de suelo a techo y una chimenea DIY, es su nuevo refugio de desconexión.
Patricia Montero y Álex Adróver han dado un giro radical a sus vidas. La pareja, que se conoció hace casi veinte años en el rodaje de 'Yo soy Bea', ha abandonado la capital para instalarse en un chalet en Mallorca. No es una simple mudanza: es un cambio de filosofía donde el yoga y la luz natural marcan el ritmo.
La vivienda, situada en la isla balear, destaca por su diseño minimalista y su integración con el entorno. Montero, que ha presentado el programa 'DecoMasters', ha aplicado sus conocimientos para crear un espacio que prioriza el bienestar. El salón, con suelos de parqué en tonos miel y paredes blancas, amplifica la luz mediterránea.
El salón 'Staccato': amplitud y orden visual
El salón principal es el corazón de la casa. Los ventanales de techo a suelo borran la frontera entre el interior y el jardín, creando una sensación de amplitud infinita. No hay muebles pesados en el centro, lo que permite un flujo constante de energía y espacio para que las dos hijas de la pareja jueguen con seguridad.
Aquí es donde la familia practica sus rutinas de Mindful Yoga, una disciplina que se ha convertido en su sello de identidad. La ausencia de obstáculos visuales y la luz natural convierten este rincón en un auténtico estudio de yoga doméstico. Todo está pensado para la desconexión.
La chimenea DIY que triunfa en Instagram
Uno de los elementos más singulares del chalet es la chimenea de autor. Lejos de ser una pieza de catálogo, Patricia y Álex la han diseñado y supervisado personalmente. Consiste en una estantería volada que descansa sobre el tiro de fuego, combinando piedra caliza rugosa con un revestimiento de metal negro azabache.
Este rincón rústico-moderno es el focal point de la casa durante el invierno mallorquín. La mezcla de texturas —la frialdad del metal con la calidez de la piedra— está ejecutada con maestría, recordando a los mejores hoteles boutique de la Sierra de Tramuntana. El detalle de la estantería de madera hecha por ellos mismos aporta un valor emocional que convierte una casa en un hogar.
Un porche versátil y una piscina con vistas
El exterior es una extensión del salón. Han diseñado un porche chill out con paredes que simulan roca natural, mimetizándose con el entorno balear. Una mesa alta con taburetes y una zona de cojines a ras de suelo permiten que adultos y niños compartan espacio sin estorbarse. Es lo que los decoradores llaman espacios inclusivos.
La piscina, rodeada de césped artificial de última generación, no busca la grandilocuencia sino la integración. Una pérgola estratégica proporciona sombra, y desde la terraza superior la vista se pierde en el Mediterráneo. Las escaleras voladas, sin contrahuella, permiten que la luz pase de una planta a otra, evitando zonas de sombra muerta.
La mudanza no es un capricho estético. Responde al burnout que Montero confesó sufrir hace meses. Al elegir materiales naturales y priorizar los espacios abiertos, la pareja ha construido un búnker de desconexión en plena naturaleza. Un refugio que, por cierto, cualquiera querría copiar.

