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Dos malagueños en Ceuta: «Es la emergencia migratoria más grande de España»

Un enfermero y un coordinador de Accem, ambos de Málaga, trabajan en Ceuta ante la mayor emergencia migratoria vivida en España, con turnos de 24 horas y más de 1.100 personas atendidas.

Álvaro Gómez Payo
Álvaro Gómez Payo
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Un enfermero y un coordinador de Accem, ambos de Málaga, relatan la saturación sanitaria y humanitaria en la ciudad autónoma tras la llegada masiva de migrantes.

Alejandro Artero, enfermero de 47 años criado en el distrito malagueño de Ciudad Jardín, trabaja desde 2022 en el hospital de Ceuta y en el 061. Allí está viviendo lo que define como «la emergencia más grande» relacionada con los flujos migratorios en España: «La situación es muy dura, sobre todo porque pasan los días y nos seguimos viendo desbordados».

Los profesionales sanitarios han establecido turnos de 24 horas que se han mantenido durante semanas, ya que la demanda asistencial se ha duplicado. «Los primeros días fueron una locura total por la cantidad de traumatismos, de heridas, de personas con signos de ahogamiento y de hipotermia que había», relata Artero.

A pocos kilómetros, en el dispositivo asistencial de Loma Margarita, trabaja Pedro De Santiago, de 35 años, coordinador de prensa y portavoz de la ONG Accem en Ceuta. Su equipo atiende a más de 1.100 personas de origen subsahariano procedentes de países como Sudán, Eritrea, Mali, Níger o Chad, en su mayoría con perfil de asilo. «Nuestro trabajo consiste en atender a estas personas desde la humanidad, garantizando un trato digno e intentando que se cumplan los derechos humanos en general», señala.

Artero, con experiencia en catástrofes como el ébola en Sierra Leona, el incendio de Gran Canaria en 2007, la Covid-19 o la explosión de un tanque en Guinea Conakry en 2023, asegura que la situación actual supera todo lo conocido. Le duele especialmente ver a niños pequeños solos: «Estipulamos que han debido entrar entre 3.000 y 4.000 menores, pero no hablo solo de adolescentes... hablo incluso de bebés, de niños de dos años solos; eso es algo horroroso». Recuerda el caso de una mujer que se lanzó al agua a punto de parir, llegó empapada al hospital y dio a luz a dos gemelas.

En Loma Margarita, Accem ha pasado de ofrecer un espacio techado con camas individuales a garantizar tres comidas al día, zonas de aseo con grifos, kits de higiene y puntos de carga para móviles. «Una necesidad vital para que puedan avisar a sus familias de que están vivos», explica De Santiago. En lo sanitario, coordinan con Cruz Roja y Médicos del Mundo el seguimiento de lesiones, gastroenteritis o procesos gripales, derivando al hospital solo los casos graves.

La barrera idiomática y la desesperación familiar también marcan el día a día. Artero relata la búsqueda de dos hermanas de 10 y 12 años que intentaban localizar a su hermana de 8, diabética: «La policía estaba desbordada. Tras más de siete horas de incertidumbre, la pequeña apareció en comisaría y las hermanas subieron corriendo al hospital para reencontrarse».

De Santiago destaca que, en colaboración con la Policía Nacional, un grupo de personas pasa a diario por el proceso de triaje y filiación, «el primer paso para formular la solicitud de protección internacional». Apenas cinco días después de abrir el dispositivo, Accem ha iniciado talleres de nociones básicas de español: «El idioma es una palanca principal para fomentar su autonomía».

Ambos malagueños coinciden en la magnitud histórica del desafío. Artero advierte de que Ceuta afronta «un problema grave de salud pública y de seguridad». De Santiago concluye: «Accem ha estado en Canarias, Melilla o gestionando la llegada de refugiados de Ucrania y Afganistán, pero esta es la emergencia más grande de este tipo que ha vivido España. Ha sido un trabajo durísimo, pero estas personas están hoy en una situación infinitamente más digna y protegida que cuando permanecían en las calles o en las playas».

Álvaro Gómez Payo

Escrito por

Álvaro Gómez Payo

Redactor

Ciencias Políticas por la Universidad de Málaga y asiduo de los plenos más largos. Malagueño de pura cepa, cafetero y con paciencia infinita para la burocracia; lleva años contando la política y la sociedad de la provincia.