El cantante malagueño ofreció un recital de 13 canciones ante casi 500 asistentes, con tangos, fados y baladas. Tania Rodríguez abrió la velada con su nuevo álbum.
Zenet volvió a demostrar por qué es uno de los artistas más carismáticos del panorama musical. El cantante malagueño ofreció un concierto en el Auditorio del Cortijo de Torres en el que interpretó hasta 13 canciones de su repertorio más popular, ante un público que llenó prácticamente el aforo: casi 500 personas.
La noche comenzó con la actuación de Tania Rodríguez, que presentó su nuevo álbum, «Sueños Cantados». La cantante interpretó ocho temas antes de despedir a su grupo instrumental entre los aplausos del público.
Zenet no necesita grandes artificios para dominar el escenario. Sentado en su silla o dando vueltas, el artista jugó con sus gestos más característicos: mover la solapa de la chaqueta, acomodarse la boina y añadir chasquidos a mitad de las canciones. Antes de cada tema, improvisó monólogos que contextualizaban lo que el público iba a escuchar.
El repertorio no se limitó al jazz: tangos, fados y baladas resonaron en el auditorio. El momento más intenso llegó con «Me gustas», cuando el público cantó al unísono y siguió las palmas que el propio cantante pedía. Durante la actuación, Zenet no dudó en hacer partícipe a la audiencia: hasta tres canciones fueron interpretadas a capela con la ayuda de los asistentes.
Sobre el escenario, el artista estuvo acompañado por una formación completa: piano de cola, guitarra, violín, trompeta, batería y contrabajo. Cada músico tuvo su momento para un solo, que Zenet animó y bailó con entusiasmo. Los halagos no faltaron: «¡Fenómeno!» o «¡Guapo!» fueron algunos de los cumplidos que recibió al terminar cada tema.
El final parecía llegar con «Soñar contigo», su tema más conocido. Sin embargo, los coros del público pidieron más y el artista cerró la noche con un último tema improvisado. El espacio bajo el escenario se convirtió en una pista de baile, con los asistentes danzando y grabando la despedida mientras Zenet saludaba con su característica reverencia.

