La caseta municipal de El Rengue reúne esta semana a unos 5.000 mayores de los once distritos de Málaga. Para muchos, es mucho más que una cena: es una terapia que les devuelve la ilusión y las ganas de bailar.
La Feria de Málaga tiene un rincón reservado para los que ya han vivido muchas ferias: la caseta municipal El Rengue, un espacio que durante estos días se convierte en el punto de encuentro de unos 5.000 mayores procedentes de los once distritos de la ciudad. Allí, entre pasodobles y mesas compartidas, se repite una frase: «Me da la vida».
Este año, Maricruz ha debutado en la caseta y asegura que ha vuelto a sentirse joven.
«Siento que he vuelto a mi juventud. De joven salía mucho a bailar, pero la edad no perdona. Esta noche vuelvo a sentirme como antes», relata.Su amiga Loli, veterana de El Rengue, la ha convencido después de cinco años acudiendo cada feria:
«Por fin la he animado a que venga. Esto no se lo podía perder».
La caseta no es solo una cena. Para muchos, es una excusa para salir de casa, quedar con amigas y retomar una pasión aparcada. Concha y sus amigas han acudido por sorteo este año y no ocultan su entusiasmo:
«Nos encanta venir a bailar y, si pudiésemos, vendríamos a bailar todos los días».José, que repite experiencia, resume el sentir general:
«Nos llevan, nos traen y nos dan de comer. Así da gusto venir».Y añade con una sonrisa: «Me voy a bailar que hay que menear el esqueleto».
El Rengue es, además, un espacio seguro para quienes más lo necesitan. Loli cuenta que su madre, con problemas del corazón, ha logrado acudir este año en silla de ruedas y con oxígeno:
«La última semana ha estado entrenando todos los días para venir aquí. Subía y bajaba las escaleras para practicar cuando tuviera que subir al autobús. Llevamos todo el año esperando este momento».
No todos pueden repetir. Rosario, vecina de El Palo, lamenta que este año solo pueda acudir una vez en toda la semana, ya que desde hace dos años la caseta sigue un protocolo de turnos por distritos.
«Con mi edad no puedo venir a otras casetas porque todas son para la juventud. Echo de menos la feria».
Antonia, que llega con su grupo de flamenco, valora el ambiente:
«La acogida siempre es muy cómoda y muy suave, y más para nosotros, los mayores. Esto me da la vida. Son las cosas que merecen la pena».
Más allá del baile y la cena, El Rengue se ha convertido en una cita anual para reencontrarse con amigos, recordar fiestas pasadas y, sobre todo, sentirse vivos una feria más. La caseta permanecerá abierta durante los días de feria, con turnos establecidos por distritos, y el autobús gratuito sigue siendo el medio de transporte para muchos asistentes.


