Un ciclo formativo que nació para la sordoceguera cubre hoy a menores con cualquier discapacidad comunicativa. En Málaga, solo 13 personas con sordoceguera, pero miles de niños necesitan apoyo.
La integración de los niños con discapacidad en los colegios de Málaga depende en gran parte de un perfil profesional que aún no está reconocido en el sistema educativo andaluz: el mediador comunicativo. Así lo refleja un reportaje publicado por Diario Sur, que pone el foco en la labor de estas figuras en centros como el CEIP Revello de Toro.
Helena, una niña de nueve años con una discapacidad del 87% debida a una alteración cromosómica, recibe seis horas semanales de mediación comunicativa en su colegio y otras tres en casa con una mediadora de la ONCE. Su madre recuerda el antes y el después: «Debe de ser muy duro tener una cosa en la cabeza y no poder sacarla hacia afuera. Que los demás no te entiendan y no entenderlos a ellos. En eso es donde nos ayudaron las mediadoras comunicativas».
El término «mediación comunicativa» apareció por primera vez en el BOE en 2015, cuando el ciclo de Interpretación de Lengua de Signos se transformó en un grado universitario. Desde entonces, la figura se ha extendido a cualquier persona con problemas de comunicación, lenguaje y habla, explica Patricia Carratalá, jefa del departamento de mediación comunicativa de la Universidad Laboral: «Prácticamente todas las discapacidades conllevan un componente comunicativo. Nosotras podemos abarcar cualquiera de estas condiciones».
En la provincia de Málaga hay solo 13 personas con sordoceguera, pero la demanda es mucho mayor. Carratalá señala que «el retraso comunicativo que acumulan es brutal» en secundaria, y que las mediadoras son la herramienta para prevenirlo. Sin embargo, su inserción laboral sigue siendo un reto: «No existe un gran abanico de salidas laborales que tenga con el ciclo. Los colegios no tienen la oportunidad ni la opción de contratarnos», dice Carmen Porras, mediadora en prácticas en el Revello de Toro.
En el colegio, Ana Pinilla, maestra de Audición y Lenguaje, denuncia la falta de recursos: «Aquí somos dos maestras de audición y lenguaje. No nos da para darles la atención que requieren». Cada curso atienden a unos 60 alumnos con problemas de audición y lenguaje, y cuentan con cinco mediadoras en prácticas este año, aunque harían falta al menos tres fijas para toda la escuela.
La Consejería de Educación justifica que la mediación comunicativa «no es un perfil profesional que entre dentro del sistema educativo», a diferencia de la interpretación de lengua de signos o la pedagogía terapéutica. Mantienen acuerdos con entidades como la ONCE, pero no planean insertar este perfil en el sistema andaluz, aunque «si lo hiciesen sería mediante oposiciones».
Carratalá insiste en el papel de las familias: «Después de estos años tengo bastantes contactos y estamos haciendo mucho, pero si ellos no se organizan esto no sale para adelante». Y defiende el impacto de su trabajo: «Hay niños que avanzan más en tres meses con nosotros que en toda su etapa educativa».

