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Manuel Guillén, el biznaguero de La Trinidad que lleva 60 años vendiendo la flor de Málaga en la Feria

Manuel Guillén, de 60 años, vende cien biznagas cada día de la Feria de Málaga, hechas por su familia. Es la última generación de una tradición que comenzó con su padre y su abuelo.

Álvaro Gómez Payo
Álvaro Gómez Payo
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Manuel Guillén, vecino de La Trinidad, recorre cada día del centro de Málaga con un centenar de biznagas hechas por su familia. A sus 60 años, es la última generación de una tradición que empezó con su padre y su abuelo.

La voz de Manuel Guillén se abre paso entre el bullicio de la plaza de la Constitución: «¡Llevo la flor de Málaga! ¡La biznaga de olor!». A sus 60 años, este vecino de La Trinidad repite la escena que ha visto desde niño, cuando acompañaba a su padre y a su abuelo por las mismas calles durante la Feria de Málaga.

«Esto es toda mi vida. Llevo viniendo desde que era pequeño con mi padre y ahora sigo con lo que él me enseñó. Lo he visto todo de él, desde pequeñito… Como decimos, es lo que he 'mamao' en la Feria de Málaga», explica a SUR mientras sostiene una penca cargada de jazmines.

El proceso de elaboración empieza unos 20 días antes del inicio de la feria. En su casa participan su mujer, sus hijas, su yerno, su sobrino, su hermana y su prima. «Esto no es de nadie, es de todos, porque lo hemos vivido desde pequeñitos», subraya.

Cada biznaga requiere cinco minutos de trabajo. El jazmín lo recoge de varias casas cuyas familias se lo ceden desde hace años, y el nerdo —el palo que sostiene la flor— se recoge verde en mayo y se deja secar durante unos veinte días antes de insertar los jazmines en la penca de chumbo.

Manuel vende cada biznaga a cuatro euros y anima a los malagueños a comprarlas: «Son los que más la compran, mucho más que los extranjeros, que no saben su significado». Su recorrido diario incluye cofradías, hoteles y restaurantes emblemáticos del centro.

Aunque ahora carga menos peso, asegura que ha llegado a llevar una penca de 7 kilos además de las biznagas. «¡Y con lo canijillo que estoy, imagínate! ¡No sabía en qué brazo ponerlo! Pero esto es más maña que fuerza», bromea.

Su profesión habitual es agente de seguros, pero durante la feria y algunos fines de semana para bodas y eventos se convierte en biznaguero. También imparte talleres durante todo el año para enseñar el oficio: «Los que conocen saben que esto tiene mucho trabajo», afirma.

Pese a mantener viva la tradición, Manuel cree que será el último de su familia: «Por mi parte es la última, no tengo herencia de otro biznaguero… Tengo a mi hija pero ella está trabajando y no puede seguir con esto». Su sobrino, sin embargo, también vende por el centro estos días.

Antes de seguir su ruta, Manuel lanza un consejo a los paisanos: «Aconsejo a la gente que vea a un biznaguero por la calle, sobre todo a nuestros paisanos de Málaga, que se animen a comprar cuando nos vean… Esto tiene mucho trabajo». Y continúa alzando la voz: «¡Llevo la flor de Málaga!».

Álvaro Gómez Payo

Escrito por

Álvaro Gómez Payo

Redactor

Ciencias Políticas por la Universidad de Málaga y asiduo de los plenos más largos. Malagueño de pura cepa, cafetero y con paciencia infinita para la burocracia; lleva años contando la política y la sociedad de la provincia.