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La concha fina casi desaparece en Málaga y su recuperación es muy difícil

El biólogo Jorge Baro alerta de que la concha fina prácticamente ha desaparecido de los caladeros malagueños, con capturas testimoniales, y que la recuperación es muy difícil.

Álvaro Gómez Payo
Álvaro Gómez Payo
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El biólogo marino Jorge Baro, exdirector del Centro Oceanográfico de Málaga, alerta del crítico estado de los caladeros de bivalvos en la provincia, donde la concha fina prácticamente ha desaparecido y el corruco también escasea.

El biólogo marino Jorge Baro, exdirector del Centro Oceanográfico de Málaga, ha radiografiado el delicado momento que atraviesan los bancos naturales de bivalvos en la provincia. En una entrevista concedida a SUR, el experto advierte de que especies como la concha fina o el corruco (langostillo, consumido en conserva) han visto reducidas sus poblaciones de forma alarmante en los últimos años.

Según Baro, el área de estudio abarca desde el Estrecho de Gibraltar hasta antes de Motril, siendo la mayor parte de esa zona territorio malagueño. En los últimos quince años, cuatro especies sostenían la pesquería: la coquina, la chirla, la concha fina y el corruco. La situación, en general, es mala o incluso "fatal" dependiendo de la especie.

La coquina "se mantiene un poco", aunque sin grandes alegrías. La chirla muestra una disminución progresiva, pero no tan grave como la concha fina, que "prácticamente en la provincia de Málaga ha desaparecido", quedando solo ejemplares muy pequeños y escasos. El corruco, que llevaba tres o cuatro años sin explotarse comercialmente, también ha desaparecido de los bancos naturales, y cuando la fábrica conservera demandó producto, "ya hubo que decirle que no había".

El investigador señala que las capturas de concha fina en las lonjas malagueñas son hoy "testimoniales". Hace un par de años, aún entraba algo procedente de caladeros próximos como el del litoral de Cádiz del Mediterráneo, entre Palmones, La Línea y Estepona, pero eso ya no llega. Lo que se consume en Málaga viene de fuera, fundamentalmente de Francia y algo de Italia, en el Adriático.

Baro subraya que este fenómeno ya se ha visto en otras zonas del Mediterráneo, como el Delta del Ebro o las costas de Valencia, donde la chirla y la almeja desaparecieron y nunca se recuperaron. La causa, apunta, es una combinación de factores: sobreexplotación, temperatura del agua, enfermedades no identificadas, actividad humana o la presencia de especies invasoras como el alga asiática, que "se reproduce a una velocidad brutal".

"La sobreexplotación lo que probablemente haya causado es que ha alterado la dinámica y la estructura de las poblaciones, dejándolas más débiles frente a la intrusión de otros factores. Pero realmente no conocemos un factor cierto de las causas directas."

El biólogo explica que la extracción de los ejemplares más grandes reduce el potencial reproductor de las poblaciones, y si además actúan otros estresores, la población se viene abajo y no se recupera. De hecho, los seguimientos anuales muestran que, incluso tras cerrar caladeros durante años, no hay mejoría en densidad ni biomasa.

Un caso significativo es el del corruco, que "durante tres años y medio no se explota, y no se recupera". Para intentar encontrar respuestas, el equipo de Baro colabora con otro grupo de investigación en el estudio de parásitos y enfermedades.

La situación afecta directamente a la gastronomía y la economía local, pues estos bivalvos eran un pilar de la identidad pesquera malagueña. Mientras tanto, el consumidor solo podrá encontrar concha fina de importación en los mercados de la provincia.

Álvaro Gómez Payo

Escrito por

Álvaro Gómez Payo

Redactor

Ciencias Políticas por la Universidad de Málaga y asiduo de los plenos más largos. Malagueño de pura cepa, cafetero y con paciencia infinita para la burocracia; lleva años contando la política y la sociedad de la provincia.