El Ayuntamiento de Torremolinos ha incorporado a su patrimonio la embarcación Los Amiguetes, donada por su propietario, Juan Antonio Guiles. El barco, rebautizado como 'Torremolinos, origen del paraíso', ya luce en una rotonda junto al Palacio de Congresos.
El Ayuntamiento de Torremolinos ha convertido en uno de sus nuevos reclamos turísticos una embarcación de casi un siglo de historia que ya preside una de las rotondas más transitadas del municipio, junto al Palacio de Congresos y el Monumento al Turista. Se trata de Los Amiguetes, un bote que su anterior propietario, el torremolinense Juan Antonio Guiles, donó al Consistorio y que ahora luce el nombre de 'Torremolinos, origen del paraíso'.
La cesión se formalizó el 10 de agosto de 2023, cuando una grúa municipal se llevó la embarcación del varadero de Puerto Marina en Benalmádena, donde llevaba atracada más de tres décadas. Desde entonces, el barco ha permanecido en dependencias municipales hasta que el Ayuntamiento le ha encontrado una ubicación destacada para que vecinos y visitantes puedan contemplarlo.
La historia de Los Amiguetes arranca hace unos treinta años, cuando Guiles, entonces un muchacho, lo encontró junto a su hermano Rafael. La embarcación estaba a punto de ser hundida, pero el trueque con una chalana que poseía Juan Antonio salvó al barco de su destino. «El barco tiene casi un siglo. Cuando yo era un muchacho, nos lo encontramos. Lo iban a hundir, pero resulta que, al final, mi hermano me convenció y lo cambiamos por una chalana que yo tenía», recuerda Guiles.
La nave presentaba entonces un estado deplorable, con la cubierta rota y una «cuarta de musgo», pero Guiles invirtió 38.000 pesetas en piezas que fue a buscar a Estepona y logró devolverla a la vida. El primer amarre estuvo en la playa de El Bulto de Málaga, donde continuó la restauración, que no estuvo exenta de contratiempos, como la pérdida de la popa. Con esfuerzo, el barco volvió a navegar, llegando a transportar a más de una veintena de familiares de Juan Antonio en sus salidas al Mediterráneo.
«Era mi pasión, mi casa, mi taller, donde hacía miniaturas de jábegas», confiesa Guiles, que también encontró en el barco un refugio durante la pandemia. Por orden de las autoridades marítimas, la embarcación tuvo que abandonar el litoral de la capital y recaló en Benalmádena, en un varadero que con el tiempo se convirtió en el actual Puerto Marina.
En el embarcadero benalmadense, Los Amiguetes compartió aguas con el Willow, un impresionante vapor construido entre 1924 y 1927 para los guardacostas de Estados Unidos en el Misisipi, que quedó inutilizado en 2019 tras un temporal. El enorme barco, de 61 metros de largo, 20 de ancho y 2,4 de calado, sirvió en su día de discoteca flotante y restaurante. Sobre las anécdotas que vivió junto al Willow, Guiles zanja con elegancia: «mejor no cuento».
El desenlace llegó hace tres años, cuando falleció su hermano Rafael, con quien compartió innumerables horas a bordo. «Se me hacía muy duro estar en el barco sin él, hemos pasado mucho tiempo juntos allí», reconoce. La opción de desguazarlo, presupuestada en 500 euros, fue descartada gracias a la sugerencia de su hija de donarlo al Ayuntamiento.
La Administración local vio posibilidades a la embarcación, y Guiles se muestra satisfecho de que «le han encontrado un lugar precioso para que todo el mundo lo vea». A sus 84 años, el antiguo camarero y cocinero sigue pendiente de su barco y lanza un reto: «El barco está para navegar ahora mismo, nos entierra a todos».
Los Amiguetes se suma así a la lista de rincones fotografiados de Torremolinos, aunque su ubicación en un cruce de carreteras muy transitado obliga a los curiosos a extremar la precaución para contemplarlo en su justa medida.


