Miguel Ángel Araujo regenta desde 1984 el negocio fundado por su padre en 1963. La tienda, en la calle Iglesia de Los Boliches, ha pasado de las instalaciones eléctricas a los electrodomésticos y hoy atiende mayoritariamente a clientes finlandeses.
La tienda Eléctrica Araujo, en la calle Iglesia de Los Boliches (Fuengirola), es mucho más que un comercio: es un testigo de la transformación del barrio y de la forma de comprar. Fundada en 1963 por el padre de Miguel Ángel Araujo, que llegó desde Sevilla, el negocio ha cumplido ya 53 años de historia. Lo que empezó como un taller de instalaciones eléctricas se convirtió con el tiempo en un referente de la venta de electrodomésticos en la zona.
Miguel Ángel Araujo, que tomó las riendas en 1984, explica que el local actual, en pleno corazón de Los Boliches, se levantó sobre lo que antes eran dos casillas de pescadores. Una servía de tienda y la otra de almacén. Con el paso de los años, se fueron añadiendo plantas: la baja y la primera son hoy exposición, y las superiores, almacén y oficinas. Pero el espíritu familiar se ha mantenido intacto.
“La vida siempre ha sido aquí en la tienda”, resume Miguel Ángel, que creció entre electrodomésticos y clientes. Recuerda con especial cariño las Navidades de los años 70, cuando la gente empezaba a apartar los regalos en septiembre y el día de Reyes era una locura: “Mi madre bajaba los bocadillos y la tienda abría hasta la madrugada, la gente venía a recoger los regalos cuando los niños estaban acostados”.
El negocio también ha sido pionero en la vida del barrio. Miguel Ángel cuenta con orgullo que su padre, junto a otros dos empresarios, organizó la primera cabalgata de Reyes de Los Boliches. Los Reyes Magos iban en las furgonetas de los comercios locales y los vecinos se disfrazaban de pajes. “Eso fue en el pueblo supernombrado”, rememora.
La evolución del comercio no ha sido lineal. En los años 80, cuando Miguel Ángel trabajaba en el Banco Central, por las tardes ayudaba a su padre en la tienda. Hasta que en 1984 decidió dejar la banca y dedicarse por completo al negocio familiar. Por entonces, Eléctrica Araujo aún hacía instalaciones eléctricas, pero el boom de la construcción y la falta de trabajadores llevaron a la familia a centrarse al 100% en los electrodomésticos.
Para competir con las grandes superficies, se integraron en un grupo de compras regional junto a otros comercios malagueños. Así lograron mantener precios ajustados y un servicio cercano que, según Miguel Ángel, sigue siendo su mejor baza: “El boca a boca es la mejor publicidad”.
El barrio ha cambiado mucho desde aquellos años. Miguel Ángel recuerda Los Boliches como un barrio de pescadores, donde la vía del tren era solo un montículo y el paseo marítimo poco tenía que ver con el actual. “Tú pasabas la carretera y ya se quedaba la playa”, dice. Con el tiempo llegó el turismo inglés y, más tarde, la gran colonia finlandesa, que ha transformado por completo la vida comercial de la zona.
Hoy, la mayoría de los clientes de Eléctrica Araujo son finlandeses. “La asociación de finlandeses es muy importante para nosotros”, explica Miguel Ángel. De hecho, el perfil del cliente ha cambiado: antes eran vecinos de toda la vida, ahora son residentes nórdicos que buscan electrodomésticos de calidad y un trato de confianza.
A pesar de la competencia de internet y las grandes cadenas, Eléctrica Araujo sigue adelante. Miguel Ángel lo tiene claro: la clave está en la atención personalizada y en la confianza que genera un negocio que ha visto crecer a varias generaciones. “Aquí la gente viene porque sabe que le vamos a dar un buen consejo”, asegura.
El negocio sigue siendo familiar: de los cinco hermanos, cuatro están en la tienda. El año pasado falleció Francis, uno de ellos, lo que ha sido un duro golpe. Pero la familia sigue unida, manteniendo viva la esencia de aquella primera tienda de la calle Iglesia.
Para quien quiera conocer este trozo de historia de Fuengirola, Eléctrica Araujo sigue abierta en la calle Iglesia, en pleno Los Boliches, con el mismo horario de siempre y la misma filosofía: servir al cliente como si fuera de la familia.

