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Las calas del Cañuelo y Maro, entre las playas menos masificadas de Andalucía en 2026

El Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo, en Málaga, alberga calas como El Cañuelo, con acceso regulado y lanzadera en verano, ideales para evitar masificaciones.

Mónica MargalloMónica Margallo· · 3 min de lectura

Una guía práctica destaca los arenales protegidos de la provincia de Málaga, como las calas del Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo, como alternativa a las playas masificadas. El acceso regulado y la lanzadera en verano son clave para disfrutarlas.

La costa malagueña, a menudo sinónimo de aglomeraciones turísticas, esconde rincones donde el silencio y la naturaleza aún se imponen. Una guía publicada en 2026 sobre las playas andaluzas menos saturadas incluye varias calas de la provincia, especialmente en el extremo oriental, donde el Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo actúa como barrera frente al urbanismo.

Allí, entre Nerja y el límite con Granada, se encuentran la Cala del Pino, El Cañuelo y la Cala de las Alberquillas. Son arenales de bolos y agua cristalina, encajados entre acantilados, que en temporada alta regulan el acceso para evitar la masificación. En julio y agosto, El Cañuelo funciona con un servicio de lanzadera desde la carretera N-340, con un coste de entre 2 y 3 euros ida y vuelta, según datos de la guía.

El Paraje Natural, protegido desde 1989, abarca unos 12 kilómetros de costa y es uno de los pocos tramos del litoral malagueño que ha escapado al ladrillo. Las calas carecen de servicios como chiringuitos o socorristas, y el acceso se realiza a pie tras un breve paseo. La guía recomienda llevar agua y comida, y llegar temprano: el aparcamiento en la carretera se llena antes de las once de la mañana.

Para los vecinos de la provincia, estas playas ofrecen una alternativa real a los arenales concurridos de la Costa del Sol. La mayoría exige coche y algo de caminata, pero a cambio prometen un baño tranquilo, lejos del ruido de los chiringuitos. La guía subraya que la protección ambiental es la clave: donde hay Parque Natural, no hay paseo marítimo.

Más allá de Málaga, la selección incluye también calas de otras provincias andaluzas. En Almería, el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar mantiene restricciones de acceso en coche entre mediados de julio y mediados de septiembre en sus playas más frágiles, como la Playa de los Muertos o Mónsul. En Cádiz, la Playa de Bolonia, con su duna monumental y las ruinas romanas de Baelo Claudia, sigue siendo un referente, aunque la carretera de acceso se colapsa en agosto. En Huelva, la Playa de Cuesta Maneli, dentro del Parque Nacional de Doñana, se recorre por una pasarela de madera sobre dunas móviles.

La guía ofrece criterios para elegir playa: grado de urbanización, tipo de acceso, arena y agua, vientos dominantes y bandera azul. En el caso de las calas malagueñas, no tienen bandera azul precisamente por carecer de servicios, pero la calidad del agua es excelente. El levante y el poniente afectan menos que en el Atlántico, aunque en días de viento fuerte el mar puede estar revuelto.

Para los amantes del senderismo, el sendero PR-A 249 que recorre los acantilados de Maro-Cerro Gordo conecta varias calas y ofrece vistas espectaculares. El recorrido completo, de unos 7 kilómetros, lleva unas tres horas y es de dificultad baja. La guía recomienda hacerlo temprano o al atardecer para evitar el calor.

En definitiva, la provincia de Málaga demuestra que aún es posible encontrar playas tranquilas si se sabe dónde mirar. Las calas del Cañuelo y Maro son solo un ejemplo de un litoral que, en sus extremos, conserva la esencia del Mediterráneo más salvaje.

Mónica Margallo

Escrito por

Mónica Margallo

Redactora

Historia del Arte por la UMA y buscadora incansable de puestas de sol. Cafetera, ferviente de las ferias y turista en su propia costa; firma cultura, moda y estilo de vida en la Costa del Sol.