Benarrabá acoge desde enero el primer prototipo de 'Tree Hub', un árbol artificial con vegetación, wifi y pantalla que da sombra sin necesidad de tierra. La empresa malagueña Biotonomy busca llevar infraestructura verde a espacios donde no se puede plantar.
El municipio malagueño de Benarrabá cuenta desde enero con un árbol que no nació de una semilla. Tiene estructura propia, vegetación, proporciona sombra, dispone de conexión wifi y cuenta incluso con una pantalla. No hunde sus raíces en el suelo y, llegado el momento, puede cambiar de sitio. Es el primer prototipo de Tree Hub, la apuesta de la empresa malagueña Biotonomy para llevar infraestructura verde a rincones de pueblos y ciudades donde plantar un árbol convencional resulta imposible, según publica Diario Sur.
La idea surgió después de toparse repetidamente con ese problema. Biotonomy trabaja habitualmente con jardines verticales y cubiertas verdes para introducir vegetación en entornos urbanos, pero había lugares que se resistían: fachadas protegidas, plazas completamente pavimentadas o espacios donde sencillamente no había tierra disponible.
«Empezamos a imaginar una estructura que pudiera traer verde y sombra sin necesitar ni una fachada ni tierra para plantar», explica Juan Ignacio Marín, director de Desarrollo de Negocio de la compañía.
El resultado terminó adoptando forma de árbol. Y después llegaron la tecnología, el wifi y otras funcionalidades. El primero acabó echando raíces, aunque sean móviles, en Benarrabá. La elección de este pequeño municipio del Valle del Genal no fue casual. Marín destaca la apuesta de su alcalde por la innovación y su disposición a convertir el pueblo en banco de pruebas de una iniciativa todavía en fase inicial. «Confiamos en que estará en todo el mundo, pero el primero siempre va a estar en Benarrabá», señala.
El Tree Hub se instaló inicialmente en la plaza Veracruz, aunque el Ayuntamiento y los vecinos han decidido buscarle otro emplazamiento. El motivo tiene poco de tecnológico: allí se celebran buena parte de los eventos y la feria del municipio. El traslado permitirá liberar ese espacio y acercar la estructura a una zona vinculada también a la apuesta de Benarrabá por atraer nómadas digitales.
Más allá de su llamativa apariencia, Biotonomy pretende que el invento funcione como una pieza de mobiliario urbano capaz de industrializar la infraestructura verde. La empresa plantea fabricar unidades modulares que puedan repetirse y adaptarse. La aspiración es que algún día un arquitecto pueda decidir colocar varios Tree Hub en una plaza o un paseo del mismo modo que hoy distribuye bancos, farolas o papeleras.
En Benarrabá, la utilidad más básica ha sido la que mejor se ha entendido: la sombra. La plaza donde se instaló el prototipo carecía prácticamente de ella y Marín asegura que las personas mayores han sido quienes más lo han agradecido. Los jóvenes se fijaron antes en la pantalla y la conectividad. «Cuando les decían que era el primero del mundo, un árbol inteligente que tenía wifi, la gente estaba flipando», recuerda sobre la expectación que despertó su montaje en un pueblo de alrededor de 500 habitantes.
El invierno serrano ha servido además como particular prueba de resistencia. La primera unidad se construyó en madera y llegó a Benarrabá en enero, justo a tiempo para enfrentarse durante los meses siguientes a episodios de lluvia y viento. Marín admite que hubo «varias noches sin dormir» pendientes de que el prototipo aguantara, pero la estructura continúa intacta. Las siguientes versiones emplearán materiales más resistentes y estarán concebidas para soportar durante décadas las condiciones propias de cualquier espacio público.
El precio es ahora otro de los desafíos. Las primeras unidades rondan los 120.000 euros de instalación, a los que se suma un mantenimiento de unos 500 euros mensuales con la plataforma incluida. La intención es abaratar progresivamente su fabricación hasta situarla incluso por debajo de los 40.000 euros. Biotonomy se marca como primera meta instalar entre diez y quince ejemplares durante los próximos dos años antes de buscar el apoyo de un gran fabricante que permita producirlos a mayor escala.

