Las encuestas internas de la Universidad de Málaga del curso 2025/2026 revelan que nueve de cada diez trabajos entregados por los estudiantes presentan pruebas de uso de IA. La institución prepara una normativa específica para el próximo curso.
La Universidad de Málaga (UMA) ha constatado que el 90% de los trabajos entregados por sus estudiantes durante el curso 2025/2026 presentan pruebas evidentes de haber sido elaborados con inteligencia artificial. El dato procede de encuestas internas de la propia institución, según publica Diario Sur, y refleja que el uso de estas herramientas ya no es algo puntual, sino una práctica extendida en prácticamente todas las facultades.
El fenómeno ha llevado a la UMA a revisar la validez de sus métodos de evaluación. Grupos de trabajo y análisis internos han desembocado en la creación de un portal de IA que verá la luz este curso y que se convertirá en el primer marco regulador de estas tecnologías en la universidad. El texto incluye directrices sobre ética, privacidad, protección de datos y políticas de autoría.
«En casi todos los trabajos hay trazos de IA», asegura Joaquín Canca, delegado del Rector para las Tecnologías de la Información y Estrategia Digital de la UMA, que ha participado en el diseño de este marco. Canca advierte de que el software antiplagio tradicional ha quedado obsoleto: «Venía funcionando bien, pero con la IA ya no ocurre eso», porque la tecnología generativa «crea texto nuevo que nunca antes se ha escrito de esa forma».
El nuevo modelo contempla modificaciones en la normativa de evaluación. «Si hay sospecha de que un trabajo ha sido utilizado con IA, tiene que estar consensuado. Si se utiliza hay que decirlo, igual que se ha hecho con la bibliografía», explica el delegado, que añade que la institución prevé realizar «una prueba de autoría con el estudiante» cuando existan dudas sobre la originalidad de un trabajo.
Un caso concreto ilustra el problema: un estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras entregó un trabajo que incluía conclusiones y puntos extraídos de una investigación científica publicada previamente por el propio profesor que lo corregía. La IA accedió al contenido y el alumno se adjudicó la autoría.
La decana de Filosofía y Letras, Sara Robles, ya advirtió de esta nueva realidad en una entrevista: «El concepto de trabajo o TFG se tambalea con la inteligencia artificial». Robles considera que la universidad debe replantearse sus sistemas de evaluación, muy basados en exámenes y trabajos escritos.
El responsable de Estrategia Digital apuesta por un cambio de enfoque: «La evaluación tiene que pasar del resultado al proceso. No tiene ningún valor que te entreguen el trabajo; hay que evaluar el proceso y confirmar la autoría». Como consecuencia, augura un aumento de los exámenes orales, aunque reconoce que esta modalidad exige más tiempo y plantea dificultades logísticas.
Canca también alerta del riesgo pedagógico del uso abusivo: «Cuando oigo que uno de los valores de la IA es enfrentarte a un folio en blanco, creo que un estudiante con el folio en blanco es cuando más aprende». A su juicio, recurrir de forma sistemática a estas herramientas puede hacer que los alumnos acaben aprendiendo menos.
El impacto no se limita a los trabajos de fin de grado o máster. La catedrática de Derecho Elsa Álvarez señala que el uso se ha generalizado a todo tipo de asignaturas, aunque inicialmente se pensaba que se concentraba en los TFG y TFM.
La UMA trabaja ya en la aprobación de una normativa específica que estará lista para el próximo curso académico y que detallará cómo actuar ante conflictos de autoría.




