El novillero Marco Pérez se estrenó en Málaga con dos orejas y salió a hombros por la Puerta Grande de La Malagueta. El Fandi sumó un trofeo en cada toro y Borja Jiménez se quedó sin premio pese a dejar el toreo más asentado.
La plaza de toros de La Malagueta vivió este domingo una tarde de triunfo y entrega en la llamada Corrida de la Juventud. El novillero Marco Pérez, en su estreno en el coso malagueño, cortó dos orejas al tercer toro de la tarde y abrió la Puerta Grande, un hito que marca su carrera.
La corrida, de la ganadería de El Parralejo, presentó un juego desigual en cuanto a presentación, pero varios ejemplares demostraron buen fondo. El festejo tuvo ritmo, emoción y cierto debate, con tres toreros que ofrecieron registros muy distintos.
El Fandi, fiel a su entrega
El Fandi volvió a hacer de la entrega su seña de identidad. En su primero, recibió al toro con una larga cambiada de rodillas y siguió con verónicas de compás abierto. En banderillas, puso todo su oficio ante un animal poco colaborador, logrando levantar el ambiente con un segundo par de mérito y un tercero al violín desde el estribo.
La faena comenzó también de rodillas y encontró destellos de clase en el toro, que se vino pronto arriba pero se apagó con rapidez. Cuando el animal quedó parado, Fandila recurrió a su repertorio más reconocible, con desplantes y cercanías. La plaza respondió y el palco concedió una oreja generosa.
En el cuarto, con Marco Pérez ya lanzado hacia la Puerta Grande, El Fandi se fue a chiqueros y recibió de rodillas a 'Mestizo', un toro que se convirtió en uno de los nombres propios de la corrida. La larga cambiada y la forma de encelarlo bajando las manos marcaron el tono de una actuación de raza. Quitó por lopecinas y volvió a incendiar los tendidos en banderillas. El toro, importante por el pitón derecho, pedía mando y continuidad. El Fandi lo llevó a su terreno, más festivo que fundamental, pero sin reservarse nada. La estocada atravesada rebajó el conjunto y la petición de la segunda oreja no fue atendida. La primera bastó para reconocer otra tarde de pundonor.
Borja Jiménez: sin adornos, esencial
Borja Jiménez caminó por un registro diferente. Al segundo lo brindó a José Carlos Escribano, presidente de la Cámara de Comercio, ganadero y ex empresario de este coso, y tardó en encontrar la medida de un toro que fue definiéndose para bien. Hubo desarmes y algún toque en los engaños, pero cuando el sevillano consiguió fijar la distancia por el pitón izquierdo apareció un toreo con más poso. Una tanda final, citando de frente, tuvo hondura y regusto. La espada, sin embargo, fue un muro: pinchazo, estocada atravesada que hizo guardia y una larga pelea con el descabello borraron cualquier opción de premio.
En el quinto llegó quizá lo más serio de su tarde. Ya con sus compañeros triunfadores, Jiménez no salió a perseguir orejas sino a torear. Se gustó a la verónica y, tras un paso desconcertante del toro por caballo y banderillas, brindó al público. El comienzo tuvo quietud y verdad: tres pases por la espalda sin enmendarse. Después el toro confirmó que había más fondo del que había enseñado y Borja lo cuajó por ambos pitones. En redondo y al natural aparecieron las tandas de mayor limpieza y estructura del festejo, sin adornos superfluos. La media estocada necesitó de un descabello y el triunfo se quedó en una vuelta al ruedo.
La tarde dejó un balance claro: Marco Pérez sale a hombros en su debut, El Fandi confirma su entrega y Borja Jiménez, pese a no sumar trofeos, firma el toreo más asentado. La afición malagueña, que llenó los tendidos, celebró una corrida con más emoción que brillantez, pero con momentos de verdad.



