La Escuela Nómada de Fotografía f22 y la Fundación Unicaja han desarrollado un taller de tres días en la Asociación Taller de la Amistad de Nerja, donde personas con discapacidad intelectual y menores en riesgo de exclusión descubrieron el poder terapéutico de la imagen.
Un taller de fotografía celebrado en Nerja ha demostrado que mirar a través de un visor puede ser mucho más que un ejercicio técnico: puede convertirse en una herramienta de inclusión y autoestima. Durante tres jornadas, la Escuela Nómada de Fotografía f22, con el apoyo de la Fundación Unicaja, trabajó con los usuarios de la Asociación Taller de la Amistad de Nerja, una entidad que atiende a personas con discapacidad intelectual y menores con trastornos del desarrollo o en riesgo de exclusión social.
El enfoque del taller dejó de lado los tecnicismos habituales —velocidades de obturación, diafragmas o tipos de objetivo— para centrarse en lo esencial: la curiosidad, las emociones y la confianza. Cada participante llegaba con una mochila vital diferente, pero todos compartían la oportunidad de descubrir que detrás de una cámara no existen etiquetas. La fotografía se convirtió en un juego donde no cabía el error y cada pequeño hallazgo era un éxito colectivo.
Uno de los ejercicios que más impacto causó fue “¿Qué ves tú?”. La simple pregunta desató una cascada de respuestas diversas, mostrando a los asistentes que cada persona percibe el entorno de una manera única. A continuación, llegó la práctica favorita: por parejas, se retrataron mutuamente. No bastaba con apretar el disparador; había que acercarse, hablar, esperar el momento justo y aprender a mirar al otro con respeto y atención. Después, las fotografías dejaron de ser meras imágenes: los participantes las intervinieron con dibujos, colores, palabras y frases nacidas de su imaginación. Corazones, estrellas, mensajes de amistad y agradecimiento transformaron cada retrato en una declaración de afecto.
El director de la Escuela Nómada, Mariano Pozo, destacó el valor terapéutico de la iniciativa. “Para muchos de estos chicos, descubrir su nombre junto a su obra supone un acto de reconocimiento personal: significa sentirse autor, sentirse capaz y comprender que aquello que han creado merece ocupar un lugar importante”, señaló. Pozo subrayó que la experiencia en el Taller de la Amistad ha sido especialmente gratificante porque permite ver de primera mano cómo la fotografía puede influir positivamente en la vida de las personas.
El tercer y último día se celebró una exposición con los trabajos realizados. El momento de ver sus propias obras colgadas y compartidas con compañeros y educadores fue especialmente emotivo. Los propios monitores mostraron asombro ante la calidad y la creatividad de los resultados. La muestra, que tuvo lugar en las propias instalaciones de la asociación, sirvió para cerrar un ciclo que comenzó con la incertidumbre y terminó con la satisfacción de haber logrado algo propio.
Este taller se enmarca en la línea de acción social de la Fundación Unicaja, que colabora habitualmente con entidades que promueven la inclusión a través de la cultura. La Escuela Nómada de Fotografía f22, por su parte, lleva años desarrollando proyectos que vinculan la imagen con el desarrollo personal y la integración. La experiencia en Nerja refuerza la idea de que el arte puede ser un vehículo poderoso para derribar barreras y fomentar la autonomía.
La Asociación Taller de la Amistad de Nerja continuará trabajando en nuevas actividades que complementen este taller, con la intención de repetir la experiencia en futuras ediciones. Mientras tanto, los participantes se llevan algo más que unas cuantas fotos: la certeza de que su forma de mirar el mundo tiene valor y puede ser compartida.

